¿Es lo mismo comunicar que informar?

¿Es lo mismo comunicar que informar? Informar y comunicar son dos palabras que a simple vista pueden parecer sinónimos, sin embargo, las diferencias entre ambas acciones son abismales. Y es que, aunque la información forme parte del proceso comunicativo, en muchos casos cuando nos limitamos exclusivamente a informar no logramos atraer la atención de la mayor parte de nuestros públicos-objetivo y, por tanto, no logramos seducirles, llamar su atención e influir en ellos, que es lo que busca una buena comunicación.

Es evidente que al comunicar introducimos un componente de información, ya que la comunicación se debe nutrir siempre de información y a partir de ahí, crear los mensajes que nos hagan conectar con nuestros públicos-objetivo. La información actúa como materia prima de la comunicación, que debe saber transformarla para seducir a los grupos de interés de una empresa u organización y alcanzar los objetivos de esta. Informar a secas supone partir de los intereses de la empresa u organización mientras que comunicar implica conocer a nuestros receptores, segmentarlos y ofrecer contenidos útiles y específicos a cada uno de ellos.

Es decir, informar parte de mí hacia el otro mientras que la comunicación eficaz empieza en el conocimiento del receptor para entablar una conversación sobre aquello que le es útil y le interesa, sobre nuestros valores compartidos. La comunicación involucra a ambas partes, hace sentirse importante y valorado al receptor, su opinión importa y eso hace que presten atención a nuestro mensaje y comience una a crearse una relación de confianza entre ambas partes.

Informar es un proceso lineal, sin embargo, comunicar es un proceso circular en el que adquieren importancia ambas partes. Siempre que comunicamos algo, estamos informando; pero no siempre que informamos, estamos comunicando. Informar es parte del proceso comunicativo.

“Una buena comunicación seduce y atrae a nuestros públicos, logra influir en ellos y permite liderar de una forma proactiva la conversación”

 COMUNICAR ES ESTABLECER UNA RELACIÓN EN EL TIEMPO

La palabra comunicar deriva del latín communicare, que significa “poner en común, compartir algo”. Esto conlleva que no solo nosotros tengamos un mensaje que transmitir, sino que la persona o público al que nos dirigimos tenga algo que compartir con nosotros y quiera hacerlo. Y para eso debemos conocerle, saber cuáles son sus intereses, dónde encajan con los nuestros, qué le podemos aportar y cómo dirigirnos a él para ganarnos su confianza y mantenerla a lo largo del tiempo a base de no engañarle ni traicionar sus expectativas.

Porque cuando nos dirigimos a un grupo de interés o consumidor, generamos en ellos unas expectativas. Si las cumplimos o las superamos lograremos establecer un vínculo con ellos y ganarnos su confianza; sin embargo, si les decepcionamos y no cumplimos con lo que ellos esperan de nosotros, nos puede costar una crisis de reputación.

La comunicación es la mejor herramienta y juega un papel clave a la hora de conocer y escuchar a nuestros públicos, de elaborar un mensaje atractivo adaptado a cada uno de ellos, que defina nuestros valores y una propuesta de valor diferencial. La comunicación es la responsable de encontrar la forma y el momento más adecuado para hacer llegar el mensaje a cada uno de nuestros públicos, la encargada de mantener una conversación abierta de forma constante en el tiempo y, finalmente, la que mide continuamente las respuestas y anticipa las nuevas demandas y necesidades que puedan tener nuestros públicos. 

Una buena comunicación nos hace únicos a ojos de nuestros consumidores y grupos de interés, hace que nos reconozcan por cómo somos, por nuestros valores y principios y por el valor diferencial que les ofrecemos. Una buena comunicación seduce y atrae a nuestros públicos, logra influir en ellos y permite liderar de una forma proactiva la conversación. Todo ello genera una relación basada en la confianza y una buena reputación. Eso es comunicar.

Deja un comentario

COMUNICACIÓN ESTRATÉGICA

Calle de Montalbán, 3 - 2º Izquierda 28014 (Madrid)


Avenida San Francisco Javier, 9 Entreplanta Oficina 2A Edificio Sevilla – 41018


IN MEMÓRIAM

José Rosón fue un hombre insaciable en su afán de aprender e innovar,  virtudes propias de los grandes sabios, y además, generoso con su sabiduría, que compartía con desinterés. Los que estuvimos cerca de él, tuvimos el grandísimo privilegio de aprender muchas de sus virtudes que ya nos pertenecen a modo de legado y que recibimos con honor y responsabilidad. Nos llena de orgullo y satisfacción el haberle tenido como padre y por ello damos gracias a Dios.

Muchos de los que le conocieron compartiran con nosotros la opinión de que una de sus mayores cualidades era su capacidad de visualizar y proyectar el futuro. Él mismo fue un avance de sus tiempos ya que aunque vivió la mayor parte de su vida en el siglo XX constituye el modelo de humanista del siglo XXI con muchos de los atributos necesarios para hacer frente a los tiempos cambiantes que vivimos: tolerancia, visión global, afán de superación y mejora,  una imaginación sin limites, un liderazgo natural para ilusionar y conciliar, buen juicio, compromiso… Era además un gran admirador de los valores femeninos y de la importancia de su participación activa en la sociedad.

D. José buscaba la Excelencia y tenía la capacidad de hacer que las cosas fueran excelentes. Siempre pensaba en grande y nos hacía sentir grandes a los que estábamos con él, sin perder nuestra sencillez. Nos protegía, sin agobiarnos; nos motivaba, sin empujarnos; nos educó con el ejemplo en valores y ética.

Fue un placer coincidir con él en esta vida; un regalo de Dios tenerle como padre, una gran suerte contar con él como consejero y el mayor lujo del mundo, tenerle como amigo, el mejor.

Luchador hasta el final, positivo y vitalista, en sus últimos años libró una durísima guerra que fue su enfermedad y aun en esos terribles momentos, los que estuvimos a su lado continuamos aprendiendo.  Nos enseñó con maestría ejemplar cómo enfrentar los obstáculos de la vida, con fortaleza, templanza, prudencia y justicia.

Decimos adiós a un caballero; a un Hombre Bueno, con mayúsculas; no sólo bueno en el sentido de bondad, que también, sino  por su integridad y ejemplo del buen hacer.

Ara Rosón de Beas,

Madrid 22 de octubre de 2009