Informar vs Comunicar

Las diferencias entre informar y comunicar son abismales. Aunque la información forme parte del proceso comunicativo, en muchos casos cuando nos limitamos exclusivamente a informar no logramos atraer la atención de la mayor parte de nuestros públicos-objetivo y, por tanto, no logramos atraerles, seducirles ni influir en ellos, que es lo que busca una buena comunicación.

La información sirve de materia prima a la comunicación, que debe saber pulirla para convertirla en un preciado diamante que seduzca a los grupos de interés de una empresa u organización. Informar a secas supone partir de los intereses de la empresa u organización mientras que comunicar implica conocer a tus receptores, segmentarlos y ofrecer contenidos útiles y específicos a cada uno de ellos.

Es decir, informar parte de mí hacia el otro mientras que la comunicación eficaz empieza en el conocimiento del receptor para entablar conversación sobre aquello que le es útil y le interesa, sobre nuestros valores compartidos.

La palabra comunicar deriva del latín communicare, que significa “compartir algo, poner en común”. Esto conlleva que la persona o público al que te dirijas tenga algo que compartir contigo y quiera hacerlo. Y para eso debes conocerle, saber cuáles son sus intereses, dónde encajan con los tuyos, qué le puedes aportar y cómo dirigirte a él para ganar su confianza a lo largo del tiempo y mantenerla a base de no engañarle ni traicionar sus expectativas. Porque cuando te diriges a un grupo de interés o consumidor, generas expectativas. Si las cumples o las superas lograrás vincularles, ganar su confianza. Si les decepcionas te puede costar una crisis de reputación.

En este punto la comunicación juega un papel clave, porque es la que se encarga de conocer y escuchar a tus públicos, de elaborar un mensaje atractivo que defina tus valores y la propuesta de valor que te hace diferente, la que encuentra la forma y el momento más adecuado de hacerlo llegar a cada uno de tus públicos, la que mantiene la conversación abierta de forma constante en el tiempo y, finalmente, la que mide continuamente las respuestas y anticipa las nuevas demandas que puedan hacerte.

En definitiva, una buena comunicación te hace único a ojos de tus consumidores y grupos de interés, les seduce y atrae, logra influir en ellos y permite liderar de forma proactiva la conversación. Todo ello genera confianza y reputación. Eso es comunicar.

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COMUNICACIÓN ESTRATÉGICA

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IN MEMÓRIAM

José Rosón fue un hombre insaciable en su afán de aprender e innovar,  virtudes propias de los grandes sabios, y además, generoso con su sabiduría, que compartía con desinterés. Los que estuvimos cerca de él, tuvimos el grandísimo privilegio de aprender muchas de sus virtudes que ya nos pertenecen a modo de legado y que recibimos con honor y responsabilidad. Nos llena de orgullo y satisfacción el haberle tenido como padre y por ello damos gracias a Dios.

Muchos de los que le conocieron compartiran con nosotros la opinión de que una de sus mayores cualidades era su capacidad de visualizar y proyectar el futuro. Él mismo fue un avance de sus tiempos ya que aunque vivió la mayor parte de su vida en el siglo XX constituye el modelo de humanista del siglo XXI con muchos de los atributos necesarios para hacer frente a los tiempos cambiantes que vivimos: tolerancia, visión global, afán de superación y mejora,  una imaginación sin limites, un liderazgo natural para ilusionar y conciliar, buen juicio, compromiso… Era además un gran admirador de los valores femeninos y de la importancia de su participación activa en la sociedad.

D. José buscaba la Excelencia y tenía la capacidad de hacer que las cosas fueran excelentes. Siempre pensaba en grande y nos hacía sentir grandes a los que estábamos con él, sin perder nuestra sencillez. Nos protegía, sin agobiarnos; nos motivaba, sin empujarnos; nos educó con el ejemplo en valores y ética.

Fue un placer coincidir con él en esta vida; un regalo de Dios tenerle como padre, una gran suerte contar con él como consejero y el mayor lujo del mundo, tenerle como amigo, el mejor.

Luchador hasta el final, positivo y vitalista, en sus últimos años libró una durísima guerra que fue su enfermedad y aun en esos terribles momentos, los que estuvimos a su lado continuamos aprendiendo.  Nos enseñó con maestría ejemplar cómo enfrentar los obstáculos de la vida, con fortaleza, templanza, prudencia y justicia.

Decimos adiós a un caballero; a un Hombre Bueno, con mayúsculas; no sólo bueno en el sentido de bondad, que también, sino  por su integridad y ejemplo del buen hacer.

Ara Rosón de Beas,

Madrid 22 de octubre de 2009