Vida más allá de Zuckerberg

Y de pronto se hizo el silencio. Ni un mensaje en el móvil, ¿ningún grupo comentando nada? ¿Me estará funcionando bien el teléfono? Ayer todos, en mayor o menor medida, nos quedamos ligeramente incomunicados. Sin previo aviso sin Whatsapp, sin Facebook y sin Instagram. ¿Qué estaba pasando? Poco tardaron lo usuarios en ir a Twitter para verificar lo que se temía, el gigante de Zuckerberg se había caído. Los memes no tardaron en sucederse, mientras los usuarios compartían su desesperación por no poder comunicarse. ¿Es realmente un problema que por unas horas no funcionen nuestras redes?

Lo es, pero no por el hecho de que durante unas horas nuestros móviles estuvieran en perfecto silencio, sino porque ese silencio esconde detrás pérdidas absolutamente millonarias, se habla de una cifra de hasta 6.000 millones de euros.

En esas horas la desinformación se hizo la protagonista y la preocupación por el “apagón” de redes más largo de la historia no se quedó en anécdota. Otra de las consecuencias es que Facebook sufrió una pérdida de su valor en bolsa de un 13%. También esto provocó que muchas empresas que usan sus servicios vieran su actividad disminuida al no poder realizar gestiones o anuncios a través de las redes sociales.

La primera reacción de la compañía ha sido disculparse, pero su parón digital le ha costado la fuga, veremos si solo temporal, de WhatsApp a Telegram, que en pocas horas consiguió 25 millones de usuarios nuevos. Por su parte, redes sociales como Tik Tok o Snapchat aumentaron su tráfico considerablemente. Esto demuestra, cuanto menos, y para desgracia de Zuckerberg, que hay vida más allá de WhatsApp.

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IN MEMÓRIAM

José Rosón fue un hombre insaciable en su afán de aprender e innovar,  virtudes propias de los grandes sabios, y además, generoso con su sabiduría, que compartía con desinterés. Los que estuvimos cerca de él, tuvimos el grandísimo privilegio de aprender muchas de sus virtudes que ya nos pertenecen a modo de legado y que recibimos con honor y responsabilidad. Nos llena de orgullo y satisfacción el haberle tenido como padre y por ello damos gracias a Dios.

Muchos de los que le conocieron compartiran con nosotros la opinión de que una de sus mayores cualidades era su capacidad de visualizar y proyectar el futuro. Él mismo fue un avance de sus tiempos ya que aunque vivió la mayor parte de su vida en el siglo XX constituye el modelo de humanista del siglo XXI con muchos de los atributos necesarios para hacer frente a los tiempos cambiantes que vivimos: tolerancia, visión global, afán de superación y mejora,  una imaginación sin limites, un liderazgo natural para ilusionar y conciliar, buen juicio, compromiso… Era además un gran admirador de los valores femeninos y de la importancia de su participación activa en la sociedad.

D. José buscaba la Excelencia y tenía la capacidad de hacer que las cosas fueran excelentes. Siempre pensaba en grande y nos hacía sentir grandes a los que estábamos con él, sin perder nuestra sencillez. Nos protegía, sin agobiarnos; nos motivaba, sin empujarnos; nos educó con el ejemplo en valores y ética.

Fue un placer coincidir con él en esta vida; un regalo de Dios tenerle como padre, una gran suerte contar con él como consejero y el mayor lujo del mundo, tenerle como amigo, el mejor.

Luchador hasta el final, positivo y vitalista, en sus últimos años libró una durísima guerra que fue su enfermedad y aun en esos terribles momentos, los que estuvimos a su lado continuamos aprendiendo.  Nos enseñó con maestría ejemplar cómo enfrentar los obstáculos de la vida, con fortaleza, templanza, prudencia y justicia.

Decimos adiós a un caballero; a un Hombre Bueno, con mayúsculas; no sólo bueno en el sentido de bondad, que también, sino  por su integridad y ejemplo del buen hacer.

Ara Rosón de Beas,

Madrid 22 de octubre de 2009